Hace poco publiqué sobre la importancia de convertir tu actividad en LinkedIn en un HÁBITO.
Si consideras esta plataforma adecuada para tus objetivos, claro.
En tal caso, te animo a que:
↳ Consultes LinkedIn a diario.
↳ Recomiendes las publicaciones que te gusten.
↳ Te lances a comentar alguna que otra.
↳ Empieces a publicar.
Lo más difícil es dar el paso de publicar.
Hazlo a tu ritmo.
Un ejemplo que suelo usar es el de Miguel Induráin, el ciclista que dominó el ciclismo mundial durante varios años.
Su fuerte era la contrarreloj.
La montaña NO era su especialidad.
Había ciclistas que eran escaladores natos y que le ganaban en ese terreno.
Sin embargo, el ciclista navarro aprendió a encontrar su ritmo para ascender.
Era consciente de sus límites, por lo que no pretendía subir las cuestas de forma explosiva.
Por mucho que los especialistas arrancaran y se fueran, él seguía a su ritmo.
No se quemaba intentando perseguirles…
Dosificaba su energía y seguía subiendo.
Generalmente, lograba resistir y no cedía demasiado tiempo con los escaladores.
Y, claro, a base de práctica fue mejorando.
Hasta el punto de que, con el tiempo, consiguió él también ganar algunas etapas míticas de alta montaña.
Eso es lo que debes hacer aquí.
Asciende por la montaña de LinkedIn a tu ritmo.
Puedes empezar con una o dos publicaciones a la semana.
Lo importante es que sostengas el esfuerzo en el tiempo.
Persevera.
Si le tomas el gusto, al cabo de un tiempo, quizá, eleves la frecuencia.
Será señal de que los resultados te acompañan.
¿Has encontrado tu ritmo en LinkedIn?
Y ojo, que ahora te dejo unas reflexiones sobre cómo NO vender en LinkedIn, allá van:
¿Quieres FRACASAR estrepitosamente en LinkedIn?
En tal caso, aquí tienes mis consejos:
↳ Utiliza la sección ‘Acerca de’ de tu perfil para lucir todas tus ‘medallas’. Y no menciones nada sobre los intereses o necesidades de tus clientes.
↳ Invita a conectar a cualquiera que se ponga por delante. Sea quien sea.
↳ No publiques nunca nada.
↳ No recomiendes un post ajeno.
↳ No comentes jamás posts de otros.
↳ Si alguna vez se te ocurre publicar algún contenido, habla de lo brillante que eres y de lo ‘fantabulosos’ que son tus productos.
↳ Esfuérzate en que todo el mundo vea que tu foco está siempre puesto en ti, no en tu audiencia.
↳ Automatiza todo lo que puedas y más. Para invitar a conectar, para responder a invitaciones de conexión, etc.
↳ Utiliza la mensajería interna para intentar vender a cualquiera a la primera de cambio. ¡Dispara a todo lo que se mueva!
Ah, y un tiempo después de que hayas desplegado todo este ‘arsenal’ de prácticas, proclama a los cuatro vientos que LinkedIn no funciona.
Y tira la toalla…
👁️🗨️¿Cómo lo ves?
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Muy diferente a los sosos valores habituales…
Ya sabes: trabajo en equipo, innovación, excelencia, etc.
Que una empresa (u organización de cualquier tipo) incluya la diversión entre sus principios es toda una declaración de intenciones.
¡Todas lo deberían hacer!
La diversión no está reñida con el trabajo.
Que se lo pregunten a Lamine Yamal, por ejemplo. O a Santiago Segura.
Es más, con diversión se consiguen mejores resultados.
Es un proceso lento, pero cada vez hay más empresas que apuestan por esa filosofía.
Saben que cuanto mejor se lo pasen sus empleados, más productivos serán.
La empresa a la que he aludido (la del “Si no te diviertes, no vale”) incitaba abiertamente a sus empleados a:
↳ Ser irreverentes, transgresores y gamberros.
↳ Tener sentido del humor y capacidad de asombrarse
↳ A sentir pasión y emoción por su trabajo.
La foto es de hace pocas semanas.